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Docente en la Universidad La Salle, autor de Sombras en el agua (2011).

jueves, 20 de diciembre de 2012

Poesía Escogida de Czeslaw Milosz


Por Jorge Monteza
A pesar de tener un nombre tan difícil de pronunciar para nosotros los hispanohablantes; Czeslaw Milosz es un poeta polaco que, debemos deducir, escribe originalmente con un lenguaje claro y cristalino como el agua. Pues ese es uno de los rasgos más sobresalientes  de la  traducción española de Isabel Sabogal en este texto Poesía reunida (Lima, Ediciones del Hipocampo, 2012). Miliosz es poco conocido en nuestro medio, a pesar de ser un Premio Nobel (1980), pero precisamente para nuestro medio su poesía puede ofrecer, además de la belleza natural y carga significativa que todo buen poema posee, sentidos que atañen directamente a nuestra realidad cultura. Y con “nuestro medio” me refiero al Perú, a nuestro Perú de ricas montañas, hermosas tierras y risueñas playas, como dice la canción, en cuyo amplio territorio nuestra diversidad cultural es riqueza solo en teoría y en los slogans de la Marca Perú para fines comerciales, en la práctica las segregaciones culturales y raciales, y absurdos chauvinismos son casi un hábito entre nosotros. Digo que la poesía de Milosz es pertinente para este aspecto de nuestra realidad porque él representó, en cuerpo y alma, (preciso es entender que el alma del poeta está en sus palabras) la lucha contra los totalitarismos y las segregaciones que le han costado el exilio y el rechazo de algunos incluso compatriotas.
Czeslaw Milosz nació en Lituania pero es considerado polaco por el idioma que optó. El pueblo donde nació, Seteniai, perteneció a la Rusia zarista, ahora a la República de Lituania donde, cómo no, “se entrecruzan varias vertientes culturales ligadas a determinada religión o idioma” (I. Sabogal). Lituania en el mapa a veces figura como parte de Europa oriental y otras como parte de Europa occidental, por hallarse en el límite entre ambas. El lugar donde nació el poeta es por demás “un territorio de fronteras movedizas”. Esta circunstancia es una de las marcas de la poesía de Milosz que ha sido felizmente captada por Isabel Saboga en este libro, tan así que el primer poema con el que empieza titula EN MI PATRIA. Que dice: En mi patria a la que jamás volveré / hay un lago inmenso en medio del bosque, / y nubes anchas, deshechas, hermosas / lo recuerdo al echar la mirada hacia atrás. / Y el murmullo de aguas quietas en un atardecer oscuro, / Y el fondo, de hierba espinosa cubierto, / el grito de las gaviotas negras, lo rojo de los atardeceres fríos, / el vehemente silbido de las cercetas en lo alto.  / Duerme en mi cielo ese lago de espinas, / me inclino y veo allí al fondo / el brillo de mi vida. Y aquello que me aterra, / está allí hasta que la muerte me configuré por los siglos.
La imagen del poema es poderosa: el cielo que se refleja en el lago permite concebir también la imagen de ese lago en el cielo, que a diferencia del lago de la tierra este se mueve, en tanto el poeta se mueva.  Y en el fondo de ese lago del cielo personal, movible se halla el brillo y lo que le aterra de su vida hasta la muerte. Este poema, como en general buena parte de la poesía de Milosz, es uno de los que mejor expresa la idea de que la patria no está en un territorio sino que está interiorizada en los sujetos que viven esa patria aunque estén pisando diversos suelos. Se expresa la idea de que la patria y la cultura se llevan la lengua que uno habla y la historia de esa lengua. De ahí que, por ejemplo, se pueda establecer un vínculo, a primera vista inimaginable, entre Milosz y Arguedas, pues el escritor peruano acaso no crea una imagen semejante al lago de Milosz, con aquel bello título Los ríos profundos, donde podía encontrar lo más esencial  de su ser cultural y su ser humano, aquel escritor que se sentía como un demonio feliz por ser un peruano que orgullosamente hablaba en cristiano y en indio. Que sostuvo que cualquier sujeto no engrilletado por el egoísmo y la estupidez puede vivir feliz todas las patrias. Milosz explora una vez más ese sentimiento a manera un art poética en el micropoema Hipótesis: Si es que, dijo, escribías en polaco / para castigarte por tus pecados, serás redimido. En ambos casos subyace la noción, más aún, de que la patria también se hace con palabras. Acaso no es también el sino de Isabel Sabogal que viviendo las dos culturas, la polaca y la peruana, está viviendo feliz sus patrias al mismo tiempo que las recrea.

El nido de la tempestad / Yuri Vásquez

Por Jorge Monteza
El nido de la tempestad (Arequipa, editorial Tribal 2012) es seguramente una de las novelas más ambiciosas e interesantes que se hayan escrito en Arequipa, tanto por la diversidad de recursos técnicos como por la dimensión histórica, política y sociológica que abarcan sus historias. Supe de esta novela hace dos años cuando estaba finalizándose los últimos capítulos, haciéndose las últimas correcciones. Fue, curiosamente, cuando asistí a la presentación del libro de otro narrador arequipeño (Juan Pablo Torres)en un pequeño bar de la avenida ejército. Llegué un poco temprano o la presentación empezó un poco tarde como más o menos es costumbre. El bar estaba casi lleno. Había sitios vacíos entre los grupos de asistentes en el que quizá conocía a alguien pero no a todos, así que acercarse resultaba un poco inoportuno, hacia otro lugar vi en una mesa un tipo solitario. Consideré que era mejor importunar a un solitario que a un grupo. Este era un señor de terno con toda la apariencia de oficinista. Después de sentarme le pregunto, como quien pregunta por el clima, ¿vino a la presentación del libro? (había personas que estaban ahí solo para tomarse un trago). Afablemente me responde que sí, y empezamos a conversar sobre anécdotas literarias.Pero yo estaba inquieto porque ese señor de apariencia de oficinista e inverosímilmente tan letrado, me parecía conocido. Como sospecharán, sí, se trataba del señor abogado y escritor Yuri Vásquez, nombre que yo había escuchado años atrás en las conversaciones literarias en la universidad, y daba la casualidad que recientemente había leído Cortometraje, su libro de cuentos, y recordaba que después de esta lectura había opinado en una conversación que Cortometraje era uno de los mejores libros sino el mejor libro de narrativa que  se había escrito en Arequipa; y claro, había visto su cara en la solapa de este libro. De sopetón corto aquello de lo hablábamos y le digo señor Yuri leí Cortometraje; le digo lo mucho que me gustó.Y con la serenidad de quien responde un saludo, me dice, ah, qué bueno. Le pregunto por su próxima publicación y me habla con cierta parsimonia de una gran novela que la empezó en los años ochenta, que ha retomado para terminarla y publicarla, se llama Subterráneos, me dice,pero duda porque también le gusta el título El nido de la tempestad. Así supe la historia, antes de leerla,de Mauro, “el cholo leído” y Marielena la dama letrada y bella. De la desgracia y ansiedad de Mauro, de estar casado con una mujer hermosa y a la que nunca podría tener, a la que no ha besado, ni siquiera acariciado; por esa soterrada y amarga historia que casi toda la novela se callan. La historia de Carola y “el criollo”, esta mulata mami de burdel y el delincuente cuya suerte en la vida parece radicar en el color blanco de su piel, su barba y “su porte de gente decente”; protagonizan una historia turbia pero no exenta de los escasos brillos del amor. También es sufrible y violenta la relación entreMarcial y Meche, de Olga y Antonio. Todas estas marcadas por diferencias raciales. Paralelamente, se desarrollan las historias de la actividad política de los estudiantes de la UNSA, su adhesión socialista, comunista; inteligentes debates entorno a los postulados de Mariátegui y Haya de la Torre. En los intersticios de  los discursos políticos hay, sin embargo, una búsqueda utópica, o infructuosa en todo caso, del origen de la violencia que dio lugar a la guerra política que vivimos en los ochentas. Las historias de las parejas y sobre todo de la aristocracia decadente arequipeña, en esa familia de “arequipeños de pura cepa”, “descendientes de las familias de los Caballeros de la Espuela dorada, fundadoras de la ciudad y con mucho orgullo, siempre fieles al rey” como gustaba rememorar doña Rosalía; estas historias son las que sugieren que en el origen de la violencia política se halla otra forma de violencia más bien solapada y cotidiana pero igualmente nefasta: el racismo. Las lecturas políticas y sociológicas de esta novela son múltiples pero coherentes.
Otro valor y gran aporte de esta novela es el manejo del lenguaje y la técnica en general que le dan dinamismo y fluidez a una novela de 459 páginas. Percibo en la narración de Yuri cierta influencia del cine, del cine clásico sobre todo. Los capítulos en su mayoría empiezan con una larga descripción,poseedores de una rica carga visual, como si se tratara de una cámara haciendo paneo. En otros capítulos, opta por el experimentalismo, con un discurso narrativo interrumpido constantemente por otra voz  que le habla en segunda persona, un discurso intermitente de frases, incluso de palabras entrecortadas, lo cual no es raro en la poesía vanguardista, pero sí lo es en la novela.
Atención especial creo que merece los monólogos de la india sirvienta que cuenta los relatos familiares que doña Rosalía solía contar para explicarse “cuándo se malogró todo”, “cuando vinieron los san martines y los bolívares al Perú” y después “cuando vinieron a Arequipa los punos y los cuscos”, sostendrá doña Rosalía como expresión de su decadencia. En este punto El nido de la tempestad es una novela que plantea también el problema de la identidad arequipeña, plantea la gran y noble pregunta:qué es ser arequipeño.
Todas estas historias han cobrado una gran fuerza e intensidad en mi lectura, en los últimos tres días, seguramente, cómo no, estimulado por el vago recuerdo,  de hace dos años,  cuando el Dr. Yuri me contaba estas historias en un pequeño bar, cuando yo me había sentado por fortuna y sin saberlo con uno de los mejores narradores de la literatura arequipeña.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Primera muerte de María: una poética del cuerpo de Jorge Eduardo Eielson


Por Jorge Monteza

Primera muerte de María (1988) es una novela hermosa, triste y extraordinaria. Casi inhallable     urge una reedición, como las cosas que reúnen esos tres adjetivos. Da cuenta de algunos aspectos de la realidad peruana a través de estampas como la procesión del Señor de los milagros, la vida costanera, protestas sociales; así como de aspectos de la realidad humana como el amor, la desgracia y la muerte. Contados con gran destreza narrativa y un tono poético lacerante. La estructura de esta novela es por demás notable, de collage o vanguardista se dirá. No obstante, más allá del experimentalismo técnico, este planteamiento busca articular una poética del cuerpo.
 “En mi libro es el cuerpo el que habla” es parte del epígrafe (cita de Joyce) que abre la novela, en la cual se alternan tres narradores. Uno de ellos plantea su narración como un strip tease de Lady Ciclotrón. Razón suficiente para pensar que hacia el final, hacia las últimas páginas nos aguarda lo mejor. Pero precisamente en esto se debe tener presente el propósito de la novela performance, del libro que habla a la manera de un cuerpo.
Uno de los narradores, irá “soltando” alternadamente escenas de la vida de María Magdalena Pacheco, la guapa morena que sobre el escenario es la exuberante Lady Ciclotrón, pero fuera de él es la sencilla y elemental muchacha que tiene afición por la comida criolla, devoción al señor de los milagros y mala suerte en el amor. Cuenta de la entrañable amistad entre José y Pedro, “la amistad es esa cosa fantástica que nos llena de alegría sin saber por qué. No nos da plata. No nos da placer al cuerpo. Pero, ¡carajo!, no se puede vivir sin ella”, dice este narrador y de cómo María entre los dos era como “un faro” que los acercaba y los separaba a un tiempo. En la historia de María y Roberto, que se conocen y se saben el uno para el otro a pesar de ser él un “blanquito” de zona residencial y ella una mulata de callejón, se exponen los patológicos prejuicios racista y clasistas de los que somos presa los peruanos.
Otro narrador, a la manera de la voz del autor enuncia en un diario, que va del 22 de agosto al 8 de octubre de 1980, veinte años después de haber escrito en Roma sobre la procesión del Señor de los milagros, Lady Ciclotrón, José, Pedro y declara que todo es como en el texto; pues se halla en esa procesión y sus personajes también. Habla de sus estos y su novela anterior El cuerpo de Gulia-no, expone el recorrido de su arte poética y cómo al vislumbrar una historia sobre pescadores en la costa peruana, eterno enamorado de ese lugar, se da cuenta que no era la representación del paisaje por la palabra lo que requería sino los colores, el espacio y las texturas, lo que asume como una desnudez del lugar. Su lenguaje debía convertirse en un cuerpo. “Un strip-tease verbal”. “Una composición de una surte de espectáculo escrito”.
Primera muerte de María es un libro lleno de simbolismo y poesía, las alusiones bíblicas y mitológicas son abundantes y no fortuitas. Así, el color morado, púrpura o violeta del Señor de los milagros que también son los colores de las prendas de Lady Ciclotrón, el color que poéticamente el narrador a tribuye a la peste, el color de la Flor del Señor de los milagros o llamado también Sangre de Saturno, flor de la que doña Paquita habla, el mismo color de la sangre que surge de las entrañas de María al morir.

domingo, 8 de abril de 2012

Comentario de Javier Ágreda sobre "Sombras en el agua"


Profesor universitario y promotor cultural, Jorge Monteza (Arequipa, 1977) se ha hecho de un cierto prestigio como narrador, entre 2008 y 2010, al figurar entre los finalistas de diversos concursos de cuentos. Monteza acaba de publicar su primer libro, Sombras en el agua (Cascahuesos, 2011), un conjunto de diez cuentos, entre ellos tres premiados, que nos permiten descubrir a un escritor talentoso y que maneja con bastante oficio las técnicas narrativas.
   Hay básicamente dos tipos de cuentos en este libro. En primer lugar, están los protagonizados por niños, en los que la fantasía y los mitos parecen mezclarse con la realidad para generar atmósferas irreales y cargadas de lirismo. Es el caso de “Illa”, la historia de un niño campesino que cree “que la sombra de uno bajo la luna es el fantasma de su muerte”, y que remite a algunos cuentos del realismo mágico, como “Macario” de Juan Rulfo. En la misma línea están “Muchacha de espejos rotos” y “El parque de Joel”, así como los textos de temática onírica.
   El otro grupo de cuentos de este libro está protagonizado por adultos y tienen la estructura de los relatos policiales, respetando las rígidas reglas del género, como la del final sorpresivo. Destacan aquí “Cartas a Aymel”, “Nos iremos” y “El sol”, que guardan más afinidad con los cuentos antes mencionados, por lo cuidado de la prosa o el recurso a lo ambiguo y lo fantástico. Con ellos Monteza demuestra que es un escritor que, a pesar de ciertos relatos fallidos, tiene ya una personalidad literaria claramente definida.

Tomado de La República, 02-04-2012

http://www.larepublica.pe/columnistas/jaque-perpetuo/sombras-en-el-agua-02-04-2012

sábado, 17 de septiembre de 2011

Presentación del libro: Sombras en el agua, de Jorge Monteza





Sobre el libro

Quizás los sueños se parecen a la infancia en que en ambos se mezcla con toda naturalidad lo real y lo ficticio, lo racional y lo fantástico. En todo caso, estos son los principales ingredientes con los que Jorge Monteza construye sus Sombras en el agua. Bajo la mirada infantil, una sombra se convierte en una entidad autónoma y amenazante, un huevo de gallina permite experimentar la maternidad, o un pequeño pájaro en la rama de un árbol se vuelve un ave gigantesca y terrorífica. Asimismo, el sueño nos abre los umbrales de una realidad alternativa, fascinante pero ciertamente no exenta de peligros.
El autor de este libro aprovecha las lecciones que ha aprendido de Cortázar, Rulfo, Arguedas, y muchos otros maestros del cuento. Experimenta con distintas formas, desde el cuento corto y rotundo hasta el más largo que requiere un desarrollo de los personajes. Explora escenarios tanto rurales como urbanos, y a veces los conecta con un pasadizo secreto. En sus ficciones, la realidad se refleja como una sombra en el agua: confiable pero también distorsionada, clara pero también difusa. Una sombra pálida que nos afantasma; una sombra ominosa que perseguirá a sus lectores después de que hayan cerrado este libro.
Javier de Taboada

Los autores, por lo general, debutan en el mundo literario con cuentarios. Suele pensarse que estos son los mejores canales para la depuración narrativa, es decir, el cuento como paso previo a géneros supuestamente mayores, como la novela.
Los lectores avisados, los de verdad, saben que es mucho más difícil escribir conjuntos de cuentos que novelas. Escribirlos como se debe, requiere de una patente comunión con el fin mismo de la escritura; hoy en día el cuento se ha convertido en el último bastión honesto de la literatura, no habría que decir más de la prostitución de la novela y el tráfico de influencias que vemos en la poesía… Es por ello que me ha causado mucha sorpresa y placer la lectura de Sombras en el agua de Jorge Monteza.
Sorpresa, por la sencilla razón de que estamos ante un autor dueño de una firmeza narrativa que no nace del chispazo de la inspiración, sino de la señalada comunión con la escritura como fin. No hay que dejar de señalarlo. Vivimos en tiempos en los que la frivolidad creativa ya no respeta nada. Y placer, porque los cuentos son un irrefutable ejemplo de la madurez narrativa de su autor, que, dicho sea, sabe de lo que escribe y de quien aún debemos esperar muchísimo más.

Gabriel Ruiz Ortega


Sobre el autor

Jorge Monteza Arredondo nació en Arequipa el 14 de julio de 1977. Es Licenciado en Literatura y Lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín. Trabaja como docente universitario y promotor cultural. Ha publicado cuentos y ensayos en revistas locales y nacionales. Su primer reconocimiento lo obtuvo cuando estudiaba Literatura, al ganar un premio en los Juegos Florales (2002) de su universidad. El 2008 recibió una Mención Honrosa en el II Concurso Literario organizado por el semanario El Búho, en el género de cuento. El 2009 ganó el primer lugar, en cuento, de la I Bienal de Arte de Lampa. El 2010, primer lugar, género cuento, del Concurso El Búho. El 2011 publicó Sombras en el agua, su primer libro de cuentos. Ha concluido una Maestría en Artes. El 2017 ganó el Concurso de Novela Breve organizado por la Cámara del Libro Peruano con la obra El viaje de las nubes negras.



El editor dice:
Jorge Monteza es, sin lugar a dudas, el escritor joven arequipeño más esperado de la última década. Su renuencia a la publicación durante estos años no ha hecho sino incrementar el morbo entre quienes han podido leer su narrativa diseminada ligeramente en revistas y validada en sendos concursos. Es en ése marco que Cascahuesos Editores se complace en anunciar la pronta aparición de su primer libro de cuentos SOMBRAS EN AL AGUA, que, estamos seguros, confirmará la excelente pluma de este narrador por tantos años esquivo.





viernes, 15 de julio de 2011

Presentación del libro de Fernando Rivera: Dar la palabra

Dar la palabra
Ética, política y poética de la escritura de José María Arguedas
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Este 26 de julio a las 7pm. se presentará el libro de Fernando Rivera: Dar la palabra
Lugar: Biblioteca MVLL - Calle San Francisco 308
Presentadores:
Miguel Ángel Huamán (UNMSM)
Richard Leonardo (UNMSM)
Goyo Torres Santillana (UNSA)

Están todos muy invitados.
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¿Es la obra de José María Arguedas mágica, mítica, producto de un exceso emotivo o simplemente el resultado de una lectura dominada por el horizonte conceptual de la antropología? Siguiendo un camino diferente al de las críticas de la identidad, este libro estudia la obra de Arguedas desde la fuerza epistemológica de la reciprocidad y el don andinos, entendidos como conceptos post-estructurales. Examina las escenas fundamentales de la producción novelística y testimonial de Arguedas, donde se descubre y propone la existencia de un horizonte ético, reconocido como una demanda de amor que actúa en la articulación de los espacios de la ética, la política y la poética narrativa. Propone una lectura distinta de la obra de Arguedas que permite encontrar el abrazo de lo humano más allá de lo andino y de los Andes.

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«En el centenario del nacimiento de José María Arguedas, este libro propone una nueva lectura de su obra. Más allá de las lecturas desde la literatura, la antropología y la política cultural, el autor explora los alcances de un proyecto ético y político que desborda su raíz andina.»

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La extraordinaria obra de José María Arguedas ha venido a ocupar en la últimas décadas un lugar central en la reflexión sobre la cultura, la literatura y la identidad en los Andes y Latinoamérica.
No hay otra escritura en el área andina sobre cuya superficie se crucen tantas tensiones políticas y culturales, ni otro escritor como Arguedas que haya escrito una ficción con tanto amor y con el angustioso deseo de morir.

Fernando Rivera es profesor en Tulane University. Se doctoró en Literatura Latinoamericana en Princeton University y sus investigaciones se enfocan en la política de la novela y la constitución del sujeto moderno con énfasis en el mundo andino. Ha sido profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y ha publicado diversos artículos sobre la literatura peruana y latinoamericana, además de su libro de cuentos Barcos de Arena y su novela Invencible como tu figura.

Iberoamericana Editorial Vervuert * www.iberoamericana.net * info@iberoamericanalibros.com

domingo, 15 de mayo de 2011

Identificarse con lo más repudiable del Perú


Sigo creyendo que el principal mecanismo de toda elección es el de la identificación. Por ejemplo, estas elecciones presidenciales es una interesante muestra. Reconfirmo esto después de leer el artículo de Rocío Silva Santiesteban, quien fue salvajemente atacada por una "tal". La "tal", evidentemente, es una fujimorista "a rabiar", para ser precisos. Es decir es alguien que se identifica hasta el tuétano con todo lo que representa el fujimorismo: lo más repudiable del Perú -para tomarle la palabra a Cotler. Se identifica con los inescrúpulos frente a todo, con el autoritarismo despectivo, la ultraviolencia hacia todo el que disienta de ellos, etc., etc. En fin se trata de una fujimorista que ataca con uñas y dientes por que su candidata sea la próxima presidenta y así todas estas prácticas sean oficiales.


Aquí el artículo:

Perra, terruca, chola

.Por Rocío Silva Santisteban

Ante la caída y derrota del candidato PPK me habían comentado muchas personas sobre el racismo y la intolerancia que se diseminaban por las redes sociales entre los ppkausas hacia los “electarados”, neologismo de sofisticada invención, atribuido por las otras malas lenguas a Aldo M. La verdad que yo, a pesar de navegar por esos lares casi a diario, no lo había percibido con la potencia con que algunos amigos y amigas lo sostenían. Obviamente tampoco es que dudara del racismo que, generalmente más rápido que la ola de un tsunami, se disgrega por doquier en palabra escrita, oral o en imágenes. Pero me quedó la intriga de no sentir en todo su esplendor ese supuesto torpedo.

Como suelen sucederles las cosas a los incrédulos, la semana que acaba de pasar me aconteció a mí misma el proyectil, y con un viraje de tono tal que la violencia de las palabras de cualquier poeta expresionista languidecía de ñoña. El mensaje venía de una supuesta María Luisa Larrea y me decía lo siguiente: “Olle (sic) terruca miserable, sales como una perra ladrando sin tener razón alguna …” y sigue así “le estás haciendo propaganda al asesino reciente que es Ollanta Humala, terruca malparida (...) qué dices de madre mía chola imbécil, cachetona de odio, perra (...) prefiero votar por un perro que es más fiel que ese chavista seguro que te pasó un poco de plata, aparte de que eres fea chola y aguaruna eres la peor chola de las terrucas, entre tú y la mujer de abimael no hay diferencia, mejor es la de abimael porque es callada y no habla porquerías como tú baboza (sic sic recontra sic)”.

En un análisis mínimo llegamos a la siguiente interpretación: ser “aguaruna” que es el nombre castellanizado de los awajún, es considerado algo despectivo, un “insulto” tanto o igual que el sustantivo chola, en su sentido perverso y racista. Algo absurdo, por supuesto. Y para que no queden dudas sobre el sentido ofensivo el párrafo arranca con un “terruca miserable y perra”, luego de la increíble falta ortográfica del encabezado. Como sabemos, el calificativo “perra” para una mujer implica no solo la animalización sino, sobre todo, la referencia a la “sexualidad desenfrenada” de una perra/prostituta. Finalmente termina con una deferencia a “la mujer de abimael” porque sabe callar, algo que, en el peor sentido del término, yo no sabría hacer porque “soy una terruca perra que ladra”. Hay que tener en consideración que la repetición de las “erres” sazonando todo el parágrafo pretende aumentar la agresividad por las vibrantes múltiples.

El análisis me permite distanciarme, sin embargo pretendió ser un golpe. Se trate de una boquita-de-caramelo Larrea o de un troll del universo feisbukero el tema es que la agresividad está a flor de piel y la percibo con toda su crudeza. Pero esta carta no es nada, absolutamente nada, en comparación con un gesto más agresivo que todos los insultos, desprecios y erres vibrantes utilizadas en serie: me refiero al arreglo mortuorio que recibieron los colegas de La Primera. Mi solidaridad con el maestro César Lévano, a cuyas clases en la Universidad de San Marcos asisten centenas de alumnos siempre atentos (para mi envidia como profesora). Sin duda se trata de un ejercicio de amedrentamiento por las puras: Lévano no cejará en su tenacidad periodística. Por supuesto que tampoco es nada desdeñable el intento de ataque de jóvenes desatinados contra Jaime de Althaus, quien felizmente retrocedió despacio para poder salir sin mayores consecuencias. A todos les pido recordar a Nietzsche cuando decía: lo que no nos destruye, nos fortalece.

martes, 5 de abril de 2011

Año del Centenario de Arguedas


Por Jorge Monteza

Primeros meses del 2011 y me toca hacer un trámite oficial, y debo poner en el encabezado del documento: Año del centenario de Machu Picchu para el mundo. Algunos ya nos preguntamos ¿qué pasó con el centenario de Arguedas? También se han soltado algunas respuestas.

Parece cosa sin importancia, al menos eso me dice un compañero, “pero ni vuelta que darle”, “Al fin y al cabo igual es” “al cabo que casi nadie lee los encabezados”. Sin embargo, la sospecha de que no es así me detiene en la redacción. Repienso las razones de este gobierno para tal disposición. Ciertamente vencieron los motivos económico-turísticos y de paso se desquitaron de la mirada crítica hacia el Apra que en algunos pasajes de El Sexto hay. Pues, eso no tiene nada de inocente. Resulta más bien, altamente simbólico y sintomático.

El Año del centenario de Machu Picchu para el mundo más que una conmemoración es un pregón a los turistas, resulta una fervorosa expresión de entrega a una política que concibe todo como producto del Mercado, incluso el pasado histórico; del cual Machu Picchu es probablemente el de mayor presencia física pero no es el mejor símbolo cultural para los peruanos. Por el contrario, es un símbolo que en las miradas ligeras de los turistas, ha formado para el Perú la equívoca imagen de un país exótico y místico. Ahora, que quede claro, no trato de insinuar que el turismo carece de importancia para el país. Por supuesto que es importante. El error está en pensarnos como un país que vive sólo del turismo. El encabezado del documento que pretendo escribir eso simboliza. Como si el Perú fuera Hawaii.

El convertir el pasado histórico en empresa se condice con la tendencia “ciega” de hacer empresa de todo. Tenemos colegios-empresas, universidades-empresas, cultura-empresa. Un síntoma de fiebre neoliberal.

Otra atingencia, no postulo, creo, un comentario pro-anti-sistema; no creo que el sistema vaya a cambiar –aunque entre Humala–. Creo, sí, que los gobernantes deben valerse de él para generar riqueza, pero también deben moderar, adaptar y negociar con él para no desvirtuar algunas cosas como la educación, al punto de que en algunos colegios privados ya no hablan del educando ni del estudiante sino del cliente. Es totalmente legítima la existencia de la educación privada, pero que no deje de ser educación. Se debe negociar con el sistema para no desvirtuar la identidad cultural, por ejemplo. De lo contrario, eso de hacer tejidos típicos, con colores y formas según el gusto del turista, convertirá lo “típico” en meros suovenirs, como sucede ya en algunos puntos del mercado de Pisaq.

Qué lejos ha quedado –como dice la canción– aquella profunda conciencia social y cultural del Apra de Haya de la Torre.

El Estado debe tener presente que en el Perú existe también una tradición cultural enarbolada por hombres y sus obras, como los artistas e intelectuales. Es decir, hay de dónde. Ahí están Garcilaso de la Vega, Gonzales Prada, Jorge Basadre, Mariátegui, Vallejo, Vargas Llosa y por supuesto José María Arguedas que este año debió tocarle.

Pero como dice mi compañero, “ni vuelta que darle”. No obstante, en algo he atenuado la inquietud de mi conciencia escribiendo este artículo con el título Año del centenario de Arguedas, antes de redactar y extender un documento que lleva un encabezado que celebra la radicalidad neoliberal.

martes, 29 de marzo de 2011

La casa de Arequipa, Mario Vargas Llosa


Por Mario Vargas Llosa
  • El lugar donde nací traía a mi madre recuerdos siniestros: vino a él embarazada para estar cerca de su familia, y mi padre no volvió a dar señales de vida. Ahora será un centro cultural
  • La casa en que nací, en el número 101 del Boulevard Parra, en Arequipa, el 28 de marzo de 1936, no tiene ninguna distinción arquitectónica particular, salvo la vejez, que sobrelleva con dignidad y que le da ahora cierta apariencia respetable. Es una casa republicana, de principios del siglo 20.

    Había oído en la familia que desde su lado Este se tenía una magnífica vista de los tres volcanes tutelares de mi ciudad natal, pero ahora ya no se ven los tres, sólo dos, el Misti y el Chachani, que lucen esta mañana soberbios y enhiestos bajo el sol radiante. En los 75 años transcurridos desde que vine al mundo han surgido edificios y construcciones que ocultan casi enteramente al tercero, el Pichu Pichu. Otro mérito de esta casona es haber resistido los abundantes temblores y terremotos que han sacudido a Arequipa, tierra volcánica si las hay, desde entonces.

    Consta de dos pisos y desde su terraza trasera se divisa una buena parte de la sosegada campiña arequipeña, con sus pequeños huertos y chacras. Su jardín delantero está completamente muerto, pero las lindas baldosas modernistas de la entrada brillan todavía. La familia Llosa alquilaba el segundo piso a los dueños, la familia Vinelli, que vivía en la planta de abajo. La primera vez que yo pude entrar y conocer por dentro la casa donde nací y pasé mi primer año de vida, fue a mediados de los años sesenta. Entonces vivía allí, solo, un señor Vinelli, afable viejecito que se acordaba de mi madre y mis abuelos, y que me enseñó el cuarto donde mi madre estuvo sufriendo lo indecible durante seis horas porque yo, por lo visto, con un emperramiento tenaz, me negaba a entrar en este mundo. La comadrona, una inglesa evangelista llamada Miss Pitzer, después de esta batalla tuvo todavía ánimos para ayudar a dar a luz a la madre de Carlos Meneses, que es ahora director del diario “El Pueblo” de Arequipa.

    Como sólo viví un año aquí, no tengo recuerdo personal alguno de la casa del Boulevard Parra. Pero sí muchos heredados. Crecí en Cochabamba, Bolivia, oyendo a mi madre, mis tíos y abuelos contar anécdotas de Arequipa, una ciudad que añoraban y querían con fervor místico, de modo que cuando vine por primera vez a la Ciudad Blanca —así llamada por sus hermosas iglesias, conventos y casas coloniales construidas con piedra sillar que destella con la luminosidad de las mañanas—, yo tuve la sensación de conocerla al dedillo, porque sabía los nombres de sus barrios, de su río Chili, de sus volcanes y de esas barricadas de adoquines que levantaban los arequipeños cada vez que se alzaban en revolución (lo hacían con frecuencia).

    Mis primeros recuerdos personales de Arequipa son de ese viaje, que tuvo lugar en 1940. Había un Congreso Eucarístico y mi mamá y mi abuela me trajeron consigo. Nos alojamos donde el tío Eduardo García, magistrado y solterón, que era reverenciado en la familia porque había estado en Roma y visto al Papa. Vivía solo, cuidado por su ama de llaves, la señora Inocencia, que puso bajo mis ojos, por primera vez, un chupe de camarones rojizo y candente, manjar supremo de la cocina arequipeña, que luego sería mi plato preferido. Pero esa primera vez, no. Me asustaron las retorcidas pinzas de esos crustáceos del río Majes y hasta parece que lloré. Del Congreso Eucarístico recuerdo que había mucha gente, rezos y cantos, y que un señor con corbata pajarita, en lo alto de una tribuna, discurseaba con ímpetu. Lo aplaudían y mi abuelita Carmen me instruyó: “Se llama Víctor Andrés Belaunde, es un gran hombre, y además nuestro pariente”. Estoy seguro de que en ese viaje ni mi madre ni mi abuela me mostraron la casa en que nací.

    Porque la casa del Boulevard Parra traía a mi madre recuerdos siniestros, que sólo muchos años después, cuando yo era un hombre lleno de canas y ella una viejecita, se animó a contarme. En esa casa se había casado, con un lindo vestido de novia, en un oratorio levantado bajo la escalera —lo atestigua la fotografía de los “Vargas Hermanos”, inevitables en todos los casamientos de la Arequipa de entonces—, con mi padre, un año antes de mi nacimiento, y de allí habían partido ambos hacia Lima, donde la pareja viviría. Se habían conocido en el aeropuerto de Tacna poco antes, y mi madre se había enamorado como una loca de ese apuesto radio operador que volaba en los aviones de la Panagra. Mis abuelos habían intentado demorar esa boda. Les parecía precipitada y rogaron a mi madre esperar un tiempo, conocer mejor a ese joven. Pero no hubo manera, porque a Dorita, cuando algo se le metía en la cabeza nadie se lo sacaba de allí, ni siquiera cortándosela (rasgo que, creo, también le heredé).

    El matrimonio fue un absoluto desastre, por los celos y el carácter violento de mi padre. Sin embargo, cuando mi madre quedó embarazada, el caballero pareció amansarse. Mi abuelita anunció que iría a Lima, a acompañar a su hija durante el parto. Mi padre propuso que más bien Dorita viajara a dar a luz a Arequipa, rodeada de su familia. Así se hizo. Desde el día en que se despidieron, el caballero no volvió a dar señales de vida, ni a responder las cartas y telegramas que mi madre le enviaba. Así fue como ella, mientras yo crecía en su vientre y pegaba las primeras pataditas, descubrió que había sido abandonada. “Fue un año atroz”, me confesó, con la voz que le temblaba. “Por la vergüenza que sentía. Durante el primer año de tu nacimiento no salí casi nunca de la casa del Boulevard Parra. Me parecía que la gente me señalaría con el dedo.” Había sido abandonada por un canalla y era ella la que se sentía avergonzada y culpable. Tiempos atroces, en efecto.

    Todas las veces que he venido a Arequipa desde entonces y he pasado por el Boulevard Parra a echar un vistazo a la casa en que nací, he tratado de figurarme lo que debió ser la vida de esa muchacha veinteañera, con un hijo en brazos y sin marido, (cuando mis abuelos, a través de un abogado amigo, hicieron saber a mi padre que había tenido un hijo, él se apresuró a entablar una demanda de divorcio), auto secuestrada en esta vivienda por temor al qué dirán. Los abuelos debieron también sufrir mucho con lo ocurrido y pensar que aquello era una deshonra para la familia. Por eso, nadie me quita de la cabeza que la familia Llosa abandonó el terruño a que estaba tan aferrada y partió a Bolivia para poner una vasta geografía de por medio con aquella ‘tragedia’ de la pobre Dorita.

    ¿Lo consiguieron? ¿Fueron felices en Cochabamba? Yo creo que sí. Recuerdo mis años cochabambinos como un paraíso. En la gran casa de la calle Ladislao Cabrera, la vida de la tribu familiar parecía transcurrir con sosiego y alegría. Mi madre era joven y agraciada, pero nunca aceptó galanes, en apariencia porque, siendo tan católica, para ella no había más que un matrimonio, el de la iglesia. Sin embargo, la razón profunda era que, pese a todo, seguía amando con toda su alma al caballero que la maltrató. Que diez años después de su ‘tragedia’ volviera a juntarse con él, así lo demostraría.

    Pero esta mañana soleada y hermosísima no está para pensar en cosas tristes y truculentas. El cielo es de un azul impresionista y hasta el desvencijado caserón del Boulevard Parra parece contagiado del regocijo general. El alcalde de Arequipa acaba de decir unas cosas muy bonitas sobre mis libros y si mi madre hubiera estado aquí habría soltado algunos lagrimones. El burgomaestre recordó, también, todo el tiempo que han pasado aquí los Llosa, desde que llegó a esta tierra el primero de la estirpe, a comienzos del siglo 18, don Juan de la Llosa y Llaguno, desde la remota Turcios, un enclave cántabro incrustado en Vasconia. Y por supuesto que mi madre se hubiera alegrado mucho de saber que esta casa que le traía tan malos recuerdos será, a partir de ahora, una institución cultural, donde los arequipeños vendrán a leer y a sumergirse en las fantasías literarias y a soñar con ellas y a vivirlas, como ella me enseñó a hacer para buscar la felicidad cuando todavía yo babeaba y mojaba las sábanas a la hora de dormir.

lunes, 21 de marzo de 2011

Perú, país de metal y melancolía


Ayer, 21 del presente, a las 19.30 horas, en la Sala Melgar de la Universidad Nacional de San Agustín, se presentó el libro PERU, PAIS DE METAL Y DE MELANCOLIA, del periodista y escritor Alfredo Barnechea, el libro fue comentado por el Dr. Eusebio Quiroz Paz Soldán, el Mg. Willard Díaz Covarrubias, y el propio autor.

La obra ha sido publicada por el Fondo de Cultura Económica (marzo del 2011) y es una amplia "biografía" del pensamiento político de Mario Vargas Llosa, escrita por alguien que ha conocido muy cercanamente al laureado escritor, pero es la vez es un amplio y ambicioso recuento de una educación política, que recorre buena parte de nuestra historia reciente.


Alfredo Barnechea


Alfredo Isaac Barnechea Garcia nació en Ica, Perú en 1952.

Estudió en la Pontificia Universidad Católica del Perú y es Master en Administración pública por la Universidad de Harvard. Actualmente alto funcionario del Banco Interamericano del Desarrollo.

Profesor universitario, sus columnas se publican en periódicos de toda América Latina

Ha publicado “La republica embrujada”(1955), “Peregrinos de la lengua. Confesiones de los grandes autores latinoamericanos” ( 1977),” La mayoría de uno” ( 2000) y “Para salir del laberinto” (2001).. El edén imperfecto”, FCE 2005.

Desde que en 1977 su programa “Contacto Directo” transformara la televisión peruana, Alfredo Barnechea ha sido una presencia protagónica de la esfera pública peruana.

A eso ha agregado su participación política, que ha llevado a que sea considerado en la actualidad un potencial candidato a la Presidencia de la República, y su actividad internacional, que lo llevó, entre otras actividades, a uno de los altos cargos en el Banco Interamericano de Desarrollo.

En estos últimos cuarenta años, como testigo y amigo cercano de muchas figuras del continente, ha visto de primera mano qué ha ocurrido en el último medio siglo político.

Este libro son las memorias de ese tiempo.

Estructurado originalmente como una biografía política de Mario Vargas Llosa, se amplió como una virtual historia de cuarenta años de pasiones políticas latinoamericanas.

En su recorrido, aparte de revelaciones del trayecto intelectual y política de Vargas Llosa, Barnechea trata el retrato de figuras como Haya de la Torre, Belaúnde Terry, Octavio Paz, Fidel Castro, Corpus Barga, Felipe Gonzales, Carlos Andrés Pérez, Fernando de Szyszlo, y otros tantos.

También un análisis en profundidad de fenómenos y procesos como el gobierno de Velasco, el fujimorismo, la revolución cubana, y otros regímenes de estos cuarenta años.

Índice este libro.

1. En el principio siempre fue el verbo

2. La experiencia militar

3. Los marxismos de Indias

4. Haya de la Torre

5. Eslabones

6. La biografía intelectual de una generación

7. 1983. Uchuraccay. El encuentro con el mundo de Arguedas

8. 1990. La campaña presidencial de Vargas Llosa

9. El fujimorato


Esta presentación ha sido posible gracias al auspicio del Gobierno Regional de Arequipa, Alwa Hotel, entre otros y la organización de La librería de la Universidad Nacional de San Agustín.

Misael Ramos Velásquez

Organizador

viernes, 18 de marzo de 2011

Congreso Internacional de Arguedas en Arequipa

Del 27 al 29 de junio.
La Universidad Nacional de San Agustín y el Gobierno Regional de Arequipa invitan al público en general al Congreso Internacional José María Arguedas - Arequipa 2011

En Arequipa estuve doce días. Allí escribí quince páginas,las finales del capítulo III.

Por primera vez viví en un estado de integración feliz con mi mujer.

Por primera vez no sentí temor a la mujer amada, sino, por el contrario,

felicidad sólo a instantes espantadas. El pino de ciento veinte metros

de altura que está en el patio de la Casa Reisser y Curioni,

y que domina todos los horizontes de esta ciudad intensa

que se defiende contra la agresión del cemento feo, no del buen cemento;

ese pino llegó a ser mi mejor amigo.

“El zorro de arriba y el zorro de abajo”, José María Arguedas

ORGANIZA
Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.

CONVOCATORIA
José María Arguedas a través de su obra ha ampliado la manera de entender
la realidad cultural del Perú. No es posible comprender la problemática,
posibilidad y grandeza de nuestra cultura sin su enorme legado.
A cien años de su nacimiento, la Universidad Nacional de San Agustín
quiere rendirle homenaje, por esta razón invitamos a la comunidad académica
y lectores de la obra de Arguedas a presentar sus ponencias para
el Congreso Internacional José María Arguedas Arequipa 2011.
OBJETIVO
Propiciar el diálogo académico, interdisciplinario y descentralizado
sobre la vigencia del pensamiento en la obra literaria y antropológica
de José María Arguedas.
PRESENTACIÓN DE PONENCIAS
Temario
- La reflexión cultural contemporánea y la obra de Arguedas.
- Reflexiones sobre la ética y la política reconsiderando la obra arguediana.
- Arguedas y la educación de la diferencia cultural: políticas educativas,
modelos pedagógicos.
- La crítica latinoamericana y la obra de Arguedas.
- Sexualidad, masculinidades y feminidades en la obra de Arguedas.
- Arguedas y los discursos de la identidad cultural.
- Arguedas y la tradición popular: narrativa oral, arte, música.
- La figura de autor de Arguedas y el relato autobiográfico.
- Arguedas y la escena literaria latinoamericana.
- La influencia de Arguedas en la literatura peruana reciente.
- José María Arguedas y las Ciencias Sociales.
Cronograma:
Entrega de ponencias: del 1 de abril al 30 de abril del 2011
Calificación por el Comité Académico: del 7 al 21 de mayo
Resultados: 23 de mayo (serán comunicados vía internet)
Entrega:
Vía internet a la dirección: lalibreriaunsa@hotmail.com
Extensión:
Mínimo 5 y máximo 8 páginas (incluyendo la sumilla).
Formato:
Las ponencias deberán estar escritas en Microsoft Word versión 97 - 2003
Times New Roman, 12 puntos, espacio y medio.
Estructura:
Hoja de Datos Personales:
  1. Nombre completo
  2. Grado académico indicando la universidad de origen
  3. Dirección de correo electrónico
  4. Teléfono o celular
  5. Dirección en la ciudad de residencia
  6. Hoja de vida (máximo 8 líneas)
Contenido:
  1. Título
  2. Autor
  3. Sumilla (máximo 10 líneas)
  4. Contenido del trabajo.
  5. Conclusiones (opcional)
COMITÉ ACADÉMICO
- Dr. Miguel Ángel Huamán (Universidad Mayor de San Marcos)
- Dr. Fernando Rivera Díaz (Universidad de Tulane – Estados Unidos)
- Mg. Odi Gonzales Jiménez (New York University- Estados Unidos)
- Mg. Willard Díaz (Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa)
- Dr. Jose Luis Ramos Salinas (Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa)
INVITADOS
Internacionales
- William Rowe
- Martín Lienhard
- Roland Forgues