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Docente en la Universidad La Salle, autor de Sombras en el agua (2011).

miércoles, 31 de diciembre de 2008

MUCHACHA DE ESPEJOS ROTOS (Mención Honrosa del Bhúo 2008)


Es que todos los nombres tienen su porqué. El agua se llama agua porque es transparente y suelta, empieza con la “a” y termina con la “a”, tan fácil de decir como mamá; la piedra, porque es pesada, y tan dura como esa “dra”. Incluso aquella menuda hierba rojiza que crece a los lados de la carretera por allá donde pasamos, tan pequeñas y humildes… incluso ellas deben tener un nombre. Por ejemplo, Rocío es gordita y bonita, la alegría brilla en sus ojos como en los de su mamá, especialmente cuando ríe; Leticia es la más aseada y ordenada, sus trenzas, bien sujetadas, y sus cintas, bien blancas; todos sus lápices tienen su nombre, los que saca de una cartuchera que pone en el lado derecho de su carpeta. Yo no conozco otra Leticia pero no imagino una que no sea aseada y ordenada. Susana es la más guapa, tiene el cabello largo y ondeado, su cuerpo es delgado pero no recto como muchas, a ella ya se le pronunciaron los pechos; su mamá es una señora también muy guapa que tiene forma de paloma y que los hombres mayores miran cuando pasa. Y así, Simón parece gorila, Margarita es larguirucha y graciosa, Luis es pequeño y delgado. Lorena es alta pensativa. Yo me miro en el espejo y pienso en mi nombre, pero es como eso que dice la profesora de lenguaje: cuando un verbo no suena como debe es porque no está bien conjugado. Soy casi del tamaño de Lorena y me han dicho que mi cabello es más bonito incluso que el de Susana, y mi abuelo, que mis ojos tienen la luz de la tarde, y mi tía, que de grande podría ser veterinaria, porque quiero y cuido a Trapito y Fantomas; Trapito es nuestro perro, es chiquito y peludo, Fantomas es una gato techero, yo le puse ese nombre porque necesitaba uno. Pero lo que yo quería saber es si mi cabello y mis ojos se parecen a los de mi madre, porque hasta que no lo sepa seré como un verbo cojeando, como dice la profesora. Hasta que no lo sepa, todos los espejos en los que me mire estarán rotos, como hasta ahora. Sólo necesito saberlo. En casa nunca hubo una foto de mamá, pero sí había historia de ella que alejaban de mis oídos… en el dormitorio cerrado de mi tía o en la sala a horas muy tardes de la noche y yo debía estar en cama, y escondían de mí esos sobres que llegaban cada cierto tiempo. Mi tía se ponía seria cuando le preguntaba, y después de mirarme pasaba sus dedos por mi cien acomodándome los cabellos detrás de la oreja. Siempre supe que si alguna vez veía a mi madre sería sólo esa vez. Y sabía que ese día iba a llegar. Y llegó, pues; mi tía, mirándome a los ojos puso su mano sobre mi hombro, recuerdo que eso hacía cuando quería darme sorpresas o hablar de cosas serias, lo recuerdo desde cuando ella se ponía de cuclillas haciendo lo mismo, ahora sólo tiene que reclinarse un poco, yo ya le llego al pecho. Me dijo: viajaremos a Arequipa para que la conozcas. Y ya, ¡estábamos viajando! Casi no lo creía pero estábamos viajando. Yo iba del lado de la ventana mirando como corrían los postes y las casas, las vaquitas y los árboles a lo lejos y la tierra toda corría hacia atrás. Luego nos metimos entre los cerros y vinieron las curvas y las pendientes, bajábamos. Cuando llegó la noche era una oscuridad total pero yo no dejaba de mirar pensando que en algún momento se verían las luces de Arequipa, y yo esperaba ese momento con el corazón suspendido. Mi tía dormía a mi lado. Encendieron un momento las luces internas del bus para que pase el controlador, y me vi en el cristal de la ventana, estaba muy pensativa, pero me sonreí. Mi tía al despertar me dijo que qué hacía, porque no había dormido, que iba a llegar exhausta… apagaron las luces y se volvió a dormir. La noche era larga y honda, nunca sentí una noche tan larga… los párpados se me caían, otra lucecita aislada aparecía y se iba… volvían a caérseme los párpados… no sé en qué momento me dormí. En el pequeño sueño que alcancé a tener había una mujer peinándome en la orilla de un río, yo no podía ver quién era, miré a través del reflejo del agua, pero no estaba clara, la corriente era fuerte, el río rugía como un animal y mis cabellos cayeron al agua…De pronto, fue como si la tierra se abriera… gritos ahogados, tres o cuatro golpes que parecían truenos, uno me estalló en el lado derecho… y vino un silencio… ¡no sé cuánto tiempo! Pero fue deshaciéndose con un grito lejano, apenas perceptible, agitándose en el aire, luchando por llegar a mis oídos. Yo estaba como entumecida. Lentamente fui abriendo los ojos y lo primero que vi fue una estrella muy brillante titilando en el fondo del cielo negro, como una pizarra mal borrada, poco a poco fueron apareciendo las demás; y en el cerro, gemidos de dolor. Arriba giraban unas luces rojas. Debían ser unos diez metros, por suerte era una pendiente pequeña. La noche ya quería palidecer… y pude ver el bus, acostado como un elefante muerto. Hice un esfuerzo para pararme. Las luces rojas giraban sobre objetos esparcidos, maletas reventadas; dos mujeres lloraban desconsoladamente sobre una piedra, casi en silencio; detrás de mí subían dos señores llevando a alguien en una camilla, iban con la mirada clavada en dónde pisaban; al fondo, entre las siluetas negras de los cerros, aparecieron multitudinariamente las luces de Arequipa, las miré unos segundos y me apuré. Mientras me acercaba a la carretera podía ver que había dos ambulancias y hasta camionetas en fila. A algunos los subían, a otros los curaban ahí mismo al borde de la carretera. Vi a mi tía que apoyándose en un brazo y una pierna se paraba, estaba agitada, la otra pierna la tenía con una venda roja de sangre. Entonces oí nítidamente… aquella voz lejana, era mi tía gritando mi nombre a la muchacha que traían esos señores detrás de mí; volteé, miré a quien llevaban, miré a su rostro, pero estaba cubierto de sangre, sin embargo pude reconocer mi cabello. Me tendí, miré aquella estrella… se había hecho más pequeñita y lejana porque empezaba a clarear, miré las lucecitas de la ciudad… hasta que fueron apagándose… faltaba poco, pensé.
Jorge Monteza Arredondo

1 comentario:

  1. PROFE QUE BUEN CUENTO, EL FINAL ES INCIERTO PORQUE NO SE SABE SI MUERE O NO, ME GUSTARÍA SABERLO.FELICITACIONES POR SU BLOG SERE UNA FAN SUYA :)

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